domingo, 10 de julio de 2016

Rebaje

Hay un proceso en escritura que se llama desaceleración (y que para mí, debería escribirse d e s a c e l e r a c i ó n) que no sé muy bien qué es porque dejé Artes de la escritura casi antes de empezar, pero debe ser algo parecido a ver lo acelerada que estabas la semana pasada, mientras vas caminando por una calle llena de gente a paso lento, mirando las vidrieras y pensás en qué lindo cuando te sientes a estrenar el cuaderno que ahora mismo vas a entrar a comprarte en ese todo por $ 2, donde ya nada vale $ 2. Pero conseguís un cuaderno por $ 5, mientras pensás que hay un señor en ese negocio que trabaja de meter carteras en un bolso con trabita para que no le roben al local (trabaja de eso, hace eso todo el día) pero resulta que es el único que sabe el código del cuaderno en súper-oferta a $ 5.
Y salir, agradecerle, seguir caminando lento. Pasar por la esquina donde me espera el café y el cuaderno a estrenar y también la mesa que elegí con la mirada, una sobre la ventana. Y recorrer la otra cuadra, para no dejar el pucho a medio fumar. Y escuchar una risa, suelta al pasar, y que Micaela estaba como armadora y alguien le quebró los dedos. Y entrar, ir a mí mesa (mesa elegida por mí entre otras mesas con total libertad...) y postergar el café porque mi hermana no llega, y me manda mensaje diciendo que se tomó un taxi y yo le contesto que relaje porque decirle que desacelere quizás sea mucho pedir.

jueves, 15 de enero de 2015

Mantra gestáltico

A veces me es inevitable analizar la realidad como pura geometría. Puede ser un síntoma de insanidad mental, pero qué le vamos a hacer...Uno más. En los momentos extremos, la realidad se me descompone ante mis ojos, en triángulos, cuadrados, fórmulas matemáticas...Por eso me gusta caminar sola. Así no me distraigo, y estar concentrada puede ser simplemente estar imaginando diagramas del viejo Venn, en los que pongo y saco elementos, intersecciono, uno...y luego borro todo, cuando de repente, aparece el colectivo que tengo que tomarme, o me sorprende el teléfono, rompiendo mi armonía de líneas y curvas, tan tangible y real.
Uno deja un hueco, y no puede evitar que se llene de cualquier cosa.

viernes, 4 de mayo de 2012

Reflejo bajo el puente.

No sé si lo que le molesta es el humo del cigarrillo, que me haya sentado atrás de él, que pueda ver su incipiente calva aunque trate de disimularla, que me parezca a ella, a esa a quien le recuerdo. A esa, por la que hoy está así, sentado en un banco de cara al sol al borde del Río de la Plata.
Lo cierto es que ahora las palomas volaron, una pareja ocupa su lugar y él sigue con la mirada fija y perdida en algún punto lejano, ahora en las barandas que bordean el río. Él se da vuelta a mirar, a mirarme quizá, para ver si sigo acá, para comprobar que la gente sigue siendo feliz aunque él sienta esa opresión en su pecho. Sin duda habrá adivinado que escribo sobre él. No puedo ver sus ojos, ocultos en lentes negros, pero sé que han de estar rojos de llanto y de furia. Mira su celular, se va caminando. Gira varias veces a mirar, a mirarme. Yo lo miro fijamente mientras se aleja. Yo no oculto que lo miro. Yo lo miro hasta perderlo de vista y sin embargo, nadie más a nuestro alrededor parece notar que ya nos conocíamos. 

lunes, 3 de enero de 2011

Otra distinta.

Me levanté y no era yo. Era cualquier otra. Una sola, solterona, la loca de los gatos. Un payaso. Una excéntrica diseñadora de cosas. Una poetiza nostálgica. Una actriz de culebrones. Una chica Almodóvar. Hoy no sé lo que hago, porque todo lo que soy…está en mi cabeza. Mientras a mí alrededor las cosas suceden con la misma constancia que todos los días, llevadas por la inercia de la rutina, en mi cabeza, adentro mío, se manifiesta un mundo diferente.
Hoy soy rubia, pelirroja. De piel oscura y ojos aceitunados. Alta, gordita. De pies grandes y uñas largas, de pelo enrulado, lacio como el mar en calma. Escupo en la calle, muy femenina. Camino sobre mis tobillos con mis botas de taco alto. Una minúscula boca roja, de labios carnosos. Una dulce nariz respingadita, ganchuda, aguileña. Piernas largas de mujer que es futbolera. Buena delantera, de pecho plano.
Manos de pianista, que hace malabares con bulones. Un profundo escote, un esternón muy sexy.
Una mente muy afinada, un bandoneón, la nota justa, una gota de vino. El más sagaz de los detectives.

domingo, 7 de noviembre de 2010

Es lo que es.

Hubo un instante que sentí. Sin estar presente aún, el aire se tornó pesado y dulce; el viento, cálido; mi piel, erizada. El cielo se anaranjó, se espesó, se tapó; se volvió hermoso y parecía querer dejar tocarse. Yo quería que me toque, que la lluvia me lave, que me de frío, que el frío me abrigue, que me empape la vida que no logro comprender en días como hoy.
El humo circula lento en el aire congestionado de energía, vibran extrañas las ondas de estas gotas que vienen, que vienen. Yo, sólo puedo mirar. Yo, siempre en otra sintonía, sólo puedo esperar, sola, que la lluvia llegue, real. ¿Por qué no se muestra si ya puedo sentirla en cada célula que recubre mi cuerpo? ¿De quién se oculta, esta lluvia de hoy? Será una lluvia juguetona, que como yo, no sabe que hacer con su ser, que ya es; entonces no quiere dormir.

jueves, 28 de octubre de 2010

Macro

Te doy toda mi luz para que veas la puerta. Te dejo ir, te suelto. Me cuesta, pero es necesario. Sé que lo tengo que hacer por el bien de los dos. Trataré, mientras tanto, de llorar en silencio unos días, para que no dudes y puedas irte tranquilo; para no apagar el fuego de las velas con mis lágrimas descontroladas. No lloro de tristeza, o sí. Si, quizás sí. Pero es una tristeza rara, de bajos índices. Es una tristeza atrasada, desfasada en el tiempo. Lloro mis lágrimas estancadas, quizás nadando en ellas, te sea más fácil llegar a donde vas.
Yo, la de los micromomentos, a veces no entiendo de tiempos ni de procesos. Será hora de aprender.

jueves, 12 de agosto de 2010

Superposición.

Salguero está cortada a la altura de Corrientes, de manera que la fila de autos que espera sobre la avenida para doblar a la izquierda en Mario Bravo, cada vez es más larga. A todos esos conductores, les han cambiado el destino, y quién sabe qué encontrarán a la vuelta de la esquina.
Mientras tanto, apenas abajo de la vereda, a ellos parece no importarles nada. Ni las máquinas que destruyen Salguero para arreglarla, ni los conductores que maldicen el cambio de rumbo inesperado. Hace frío, y entre un grupo de muchos que parecen amigos, ellos se encuentran. Va a empezar a llover en cualquier momento. A ellos no les importa.

Quizá se hubieran visto alguna vez, pero sin mirarse. Quizá, esto nunca hubiera sucedido si sus cuerpos no se hubieran casi chocado, casi por error. Pero es como si al encontrarse, sus pieles de hubieran reconocido, constatando la diferencia de temperatura entre ambas y el punto de unión, ese mismo punto en el que al tocarnos, nuestros bordes se funden con los de aquello que tocamos. Esa frontera difusa y vacilante, territorio de las más lindas sensaciones, país de las caricias, patria de los escalofríos.
Quizá no haya pasado nada de todo esto, pero igualmente él intentó besarla. Ella se negó,por supuesto. Que un choque accidental termine en beso, sólo pasa en las novelas. Y ella, entre las otras chicas se veía, era distinta. No era de las chicas que se creen las novelas.
Corriendo su pelo largo, para acariciarle la nuca y dejarle libre un oído, él le preguntó si sentía las yemas de sus dedos que, ahora, se internaban en la cálida suavidad de su cabello negro. Ella levantó la cabeza, para mirarlo a los ojos (era mucho más alto) y al hacerlo sintió cómo todo el peso de su cuerpo descansaba en la mano que jugaba entre su pelo y su cuello. Quería seguir negándose, pero los ojos se le cerraban del placer y es muy difícil ponerse firme con los ojos cerrados. Sin saber muy bien cómo, otro brazo ahora la rodeaba, y su propia boca, entreabierta, invitaba a aquella otra a besarla. Sin poder decir que no, había dicho que sí, sin decirlo tampoco.
Y entonces se besaban, buscándose más en cada movimiento, como si realmente fueran a borrase aquellos límites. Se besaban jugando, probándose, mordiendo los labios.
Se besaban ansiosos, devorándose, un poco depredadores. Se besaban mezclándose en un solo aliento, una sola nueva boca, nacida de las dos. Un espacio nuevo, recién creado y a cada instante reinventado.
Y ella pensaría entonces cuánto se perdía si decía que no, cuánto de mentira tendría aquel beso negado, si nunca llegaba. Y él pensaría que había hecho bien en llamar primero a la astucia de parecer torpe y casi caerse sobre ella, que había hecho bien en llamar luego a su piel que no podía no decir la verdad.
Y empezó a llover, fuerte y dolorosamente en su frente, la de ella, que miraba al cielo para alcanzar el beso no reconocido, aquel beso regalado. Y la gente corría a refugiarse de la lluvia, como si fuera algo más que agua. Y los conductores ahora tenían una razón más para maldecir al destino. Y los semáforos verde, rojo, amarillo. Y la fila de autos cada vez más larga, doblar a la izquierda. Y ellos aún se besaban.
Percibo una tendencia a los pensamientos virales

miércoles, 4 de agosto de 2010

Hacía rato ya que nos habíamos visto por primera vez, años en realidad. Y yo te veía tan feliz con tu vida que ya no era mía.

domingo, 1 de agosto de 2010

Ay, la libertad es fiebre.

Y la fiebre, suele quemar. Pero pensaba, hoy, hoy que hace un frío terrible que hay formas y formas de quemarse. Como hay formas para todo. Y pensaba que casi siempre elijo quemarme. Prefiero la sinceridad del beso no pedido, que la vida te roba, sin siquiera darte tiempo para acomodarte y recibirlo bien, como se debe, antes que las palabras meditadas y dichas por compromiso. Por el deber. Prefiero pedirle permiso a mi piel, antes que a mi cabeza.
Prefiero los silencios que ocultan risas, las puteadas hay que decirlas. Un corazón, qué significa? Te tengo que creer?

Sobre Casas vacías de Brenda Navarro

  Casas vacías  es la primera novela de Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982). Está organizada en tres partes;   Primera, Segunda y Tercer...